Son ciudadanos comunes que representan a la justicia de la nación con vehículos del año y retratos de 40 mil pesos mientras les limpian los zapatos
México. La Suprema Corte de Justicia de la Nación está conformada por ciudadanos comunes como tú y como yo, pero que se hacen retratos de más de 40 mil pesos, usan vehículos del año blindados y se usan vestimenta de pueblos originarios mientras les limpian los zapatos. Son de “carne y hueso” y representan a la justicia de la nación.
Ahora más cerca que nunca del pueblo, los funcionarios han salido a dar sesiones extraordinarias. “Estamos puestos a andar como cualquiera de ustedes”, es el mensaje del ministro presidente, Hugo Aguilar Ortiz, de origen mixteco y miembro de la aristocracia judicial.
Como parte de la nobleza y de una larga herencia que data del siglo XIX, es bien justificado adquirir retratos en vida para reflejar la labor de los ‘ilustres personajes que han tenido el deber de aplicar la Constitución’. La ministra Lenia Batres Guadarrama es un claro ejemplo de ello.
Aún con la tradición a su favor, el permiso cubierto por el Programa Anual de Necesidades 2025 del Poder Judicial para gastar 40 mil 600 pesos en una pintura al óleo de su persona, no fue bien recibido por el pueblo. Pero la siempre buena Suprema Corte tuvo que aclarar que nunca se llevó a cabo la compra, y con ello, se redimieron porque, aunque la intención estaba, el gesto no se concretó.
El transporte es también importante, ahora como muestra de la unión entre el poder y los sometidos, prometieron deshacerse de las camionetas Grand Cherokee blindadas y valuadas en 3.5 millones de pesos. Para la Suprema Corte no es problema ir al campo en autobús, caminando o en sus propios vehículos, incluso.
Como muestra de su compromiso, son capaces de utilizar un Dodge Charger blindado como el que el ministro presidente lleva, o una camioneta Suburban blindada como en la que se traslada Arístides Guerrero García. Por supuesto, autos de la antigua dotación de ministros, esos que sí despilfarraban y veían al ciudadano desde arriba.
A esta Suprema Corte le enorgullece incluir a aquellos que siempre han pertenecido a la periferia social y económica, y ¿cómo no? si su figura principal es digno representante. Hugo Aguilar Ortiz rechazó la toga del protocolo como ministro de la Suprema Corte de Justicia, decidiendo usar el traje de gala de los pueblos indígenas, y al ver que no pudo cambiar la tradición aristócrata, le agregó algunos bordados a su atuendo, de este modo, su personal puede sentirse más allegado a él mientras se inclinan y le limpia los zapatos en otro aniversario de la Constitución.
Como una de sus recientes muestras de solidaridad y para que la ciudadanía conozca a sus soberanos, han decidido predicar sus mandatos alrededor del país.
“Muchos de ustedes seguramente han visto que tomamos decisiones, nos han visto a través de las redes sociales, a través de la televisión y estoy seguro que se preguntan cómo serán los que integran la corte… Yo viví esta experiencia y solo sabíamos que había un poder ahí, a lo lejos, que tomaba esa decisión. Solo sabíamos que había una autoridad, ahí a lo lejos, que decidía los efectos que llegaban al pueblo. Y sobre la Suprema Corte, pues lejanamente sabíamos que había algunas personas que se llamaban jueces, magistrados o ministros”.
Con esta acción, el pueblo puede verlos como sus líderes, de huipil bien planchado. Personas iguales, pero a las que se les besa la mano.

