Pese a inversiones millonarias y arrancar operaciones, la refinería Olmeca aún opera muy por debajo de su capacidad y no ha eliminado la dependencia de importaciones.
México.- Para millones de mexicanas y mexicanos, la promesa fue clara: con la refinería de Dos Bocas, México dejaría de depender en gran parte del extranjero para abastecerse de gasolina y diésel. La obra fue presentada por la “4a Transformación” como el paso decisivo hacia la soberanía energética. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa expectativa no se refleja ni en la vida diaria ni en las cifras oficiales.
La refinería Olmeca, ubicada en Paraíso, Tabasco, se convirtió en el proyecto insignia de la política energética del país. No obstante, más de dos años después de su arranque gradual, México sigue sin producir los combustibles suficientes para cubrir su propio consumo, y la autosuficiencia anunciada permanece como una meta no alcanzada. Aunque la Secretaría de Energía ha difundido cifras de hasta 270 mil barriles diarios refinados, reportes oficiales muestran que en contextos recientes el procesamiento real de crudo ha sido menor, con cifras de alrededor de 192 mil barriles diarios de combustibles, lo que representa poco más de la mitad de la capacidad diseñada de 340 mil barriles por día para la planta.
Desde su concepción, se aseguró que Dos Bocas permitiría reducir drásticamente las importaciones y fortalecer el sistema nacional de refinación. La realidad ha sido distinta. En varios meses de operación, la refinería ha funcionado muy por debajo de sus capacidades reales. Por ejemplo, en determinados periodos, el procesamiento de crudo ha caído a niveles extremadamente bajos —incluso por debajo de 10 mil barriles diarios—, cifras que no solo están lejos de las metas oficiales sino que equivalen a menos del 5 por ciento de su capacidad total.
En 2024 y parte de 2025, la producción promedio de petrolíferos (gasolinas, diésel, coque y otros derivados) estuvo en decenas de miles de barriles por día, muy por debajo de lo que se había anunciado como metas de cientos de miles, y en algunos meses representó sólo alrededor del 1 % del total del Sistema Nacional de Refinación.
Las importaciones continúan marcando el pulso del mercado. México sigue comprando en el extranjero una proporción considerable de gasolina y diésel para satisfacer la demanda interna. En enero de 2025, por ejemplo, más de la mitad de la gasolina consumida se importó del extranjero, principalmente de Estados Unidos, mientras que la producción interna no fue suficiente para cubrir esa demanda.
Esta dependencia tiene efectos directos: mayor exposición a las fluctuaciones internacionales de precios, presión constante sobre las finanzas públicas y una vulnerabilidad estructural en el suministro de combustibles. La promesa de autosuficiencia energética no se materializó con la entrada en operación de Dos Bocas y, de hecho, los datos muestran que la refinería ha tenido altibajos marcados y producción variable, incluidos meses con cifras muy bajas de crudo procesado y combustibles producidos.
Pareciera que la refinería Olmeca representa un avance en infraestructura, pero no la solución definitiva que se ofreció. Los resultados operativos desafían el discurso oficial y mantienen abierta una pregunta incómoda: ni siquiera con Dos Bocas, México ha logrado la autosuficiencia en combustibles que se prometió, y las importaciones siguen siendo fundamentales para abastecer al país.

