La situación que vive el municipio tiene a la alcaldesa Samantha Smith entre las peor evaluadas por sus gobernados en la entidad; Romero Hicks ha sido un duro crítico.
Cuando se anunció que Juan Carlos Romero Hicks competiría para ser diputado local, se le consideró como un rescatista y refuerzo hacia el minado panismo guanajuatense ante el crecimiento morenista. Era como un jugador de grandes ligas que regresaba a jugar en el torneo de la ciudad.
Se esperaba que fuera coordinador de la bancada panista y un contrapeso oratorio y debatiente de otro diputado reconocido como académico: David Martínez Mendizábal, del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).
Pero -¡oh, sorpresa!- no fue pastor azul, ha sido un dialogante sensato con otros partidos -al grado que se llegó a rumorar sobre una potencial salida del Partido Acción Nacional (PAN)– y se convirtió en voz crítica hacia el panismo capitalino, controlado por la familia Navarro Smith.
Ex rector de la Universidad de Guanajuato, ex gobernador, ex senador y ex diputado federal. Tiene simpatizantes y detractores y sus posturas públicas han sido prudentes, pero directas, en aparente sintonía con los cánones formales de la disciplina partidista.
Ha sido crítico del proceso de designación del Consejo del Sistema Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIMAPAG), ha dado un discreto respaldo a las voces en contra de que se mantenga la concesión de la autopista a Silao y recientemente evidenció que faltó planeación al gobierno municipal capitalino para lograr mejores resultados en el programa emergente de obra pública para municipios presentado por la gobernadora del estado, Libia Dennise García Muñoz Ledo.

Movilidad y seguridad son dos de las mayores preocupaciones para la gente de la capital. En la presente gestión aumentó el índice delictivo, se dispararon los homicidios y se recrudeció la extorsión. Romero Hicks ha dejado entrever que la falta de recursos estatales para esos rubros, dentro del programa “Manos a la obra”, es consecuencia de una deficiente planeación.
La situación que vive el municipio tiene a la alcaldesa Samantha Smith entre las peor evaluadas por sus gobernados en la entidad. Obligó a que Alejandro Navarro saliera a hacer ruido y distraer con la presentación de un libro sobre sus memorias políticas e impulsó distractores como el de impulsar a Gerónimo “Gero” Yebra, uno de sus testaferros político-electorales, como irrisorio aspirante a candidato a la presidencia municipal.
Romero Hicks se ha limitado a declaraciones cuidadosas, pero estructuradas, hacia el gobierno capitalino.
Parece que no pasa nada, pero hay indicadores de que sí pesa: ya Alejandro Navarro ha declarado que el académico se debe dedicar a trabajar más por su distrito y la regidora morenista Fernanda Arellano, así como su mentor político Jesús Ramírez Garibay se han puesto rudos con él en espacios digitales y de prensa.
Los detractores de Romero Hicks señalan su falta de carisma, su lejanía con la gente más pobre, lo acusan de actitudes soberbias y lo ven como lejano a la realidad inmediata del municipio y su visión conservadora del mundo por ser etiquetado como integrante de la organización secreta de “El Yunque”, pero nadie lo acusa de corrupto o impreparado.
Romero Hicks es la evidencia de que en el PAN hay voces que cuestionan al dúo Navarro-Smith y que en el partido no existe la unidad pregonada. También evidencia que Morena, igualmente confrontada a su interior, prefieren que Samantha quiera reelegirse a que sea relevada por alguien que sí podría ser competencia seria.
Romero Hicks no representa una opción de desarrollo económico y social popular, no tiene en el clientelismo electoral su manera de hacer política y está marginado respecto a las élites económicas ligadas al panismo. No es garantía de triunfo blanquiazul, pero es lo que tienen, pues el resto está controlado o ha sido aplastado por el navarrismo. Si ni Morena ni el PAN la tienen segura, la oportunidad es para otros colores, sólo falta que pinten.

